Abel Santamaría:heroísmo sin límites de la Generación del Centenario

En el acto del 1º de mayo de 1952 para homenajear al obrero asesinado Carlos Rodríguez, Abel y Fidel se conocieron. Según Haydeé, su hermano no fue sólo segundo jefe y compañero de Fidel, sino que fue el más leal de sus amigos y quizás una de las primeras personas en reconocer los valores extraordinarios del líder revolucionario.

Abel Santamaría Cuadrado poseía un pensamiento político profundamente revolucionario. Para él, el derrocamiento de la tiranía era sólo un punto de partida para las grandes transformaciones sociales que el pueblo cubano reclamaba. Estaba muy consciente del contenido ideológico de la Revolución, de la Reforma Agraria. Su modestia, valor y sencillez eran increíbles.

Aquel 26 de julio de 1953 Abel fue todo arrojo y efusión revolucionaria, su confianza en Fidel cobró aún más fuerza. Aunque llegó un momento en el que lo esporádico de los disparos le indicaba que la acción del Moncada había fracasado, dio órdenes  de que continuara el combate en el Hospital Civil. Su hermana lo describía así:

“Allí hubo un momento, naturalmente temiendo por la vida de Abel, que alegamos que Fidel decía que Abel debía vivir. Entonces, él alegó que el que tenía que vivir era Fidel y esos tiros y ese combate allí eran para que Fidel pudiera retirarse. Recuerdo le dije que para qué quería Fidel quedar con vida si después no le quedaba a nadie para combatir y él me dijo que yo estaba engañada, que parecía mentira que yo pensara y hablara así. Que siempre y cuando Fidel quedara vivo, Fidel sabría buscarlos, que los sacaría de la inmensa cantidad de jóvenes luchadores y se haría otra cosa. Y se dirigió a mi diciéndome: ¿No te das cuenta que Fidel tiene ya un 26 de julio? Si hemos podido hacer esto sin un 26 de julio ¿qué se podrá hacer con un 26 de julio?

Hecho prisionero los verdugos se ensañaron en él y lo sometieron a terribles torturas. No podían con el valor de los hombres y probaron el valor de las mujeres. Con un ojo humano ensangrentado en las manos se presentaron un sargento y varios hombres en el calabozo donde se encontraban Melba y Haydeé. Dirigiéndose a la última, le mostraron el ojo diciéndole que era el de su hermano y que si ella no decía lo que él no quiso decir le arrancarían el otro. Ella les contestó que si le arrancaron el ojo y él no lo dijo, mucho menos lo diría ella. Más tarde regresaron y las quemaron con colillas de cigarro encendidas, diciéndole a Haydeé que ya no tenía novio tampoco, pues se lo acababan de matar, a lo que ella respondió que él no estaba muerto, “porque morir por la Patria es vivir”.

Así perdió Haydeé a su hermanito del alma y a su novio, así puso en alto el decoro y la dignidad de la mujer cubana.

Fue así como asesinaron a Abel Santamaría, al decir de Fidel, “…el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la Historia de Cuba”.

Este heroísmo sin límites caracterizó siempre a la Generación del Centenario.

El heroísmo sin límites y la oleada sangrienta.

El Manifiesto del Moncada, leído aquella noche del 26 de julio de 1953, fue redactado por Raúl Gómez García, bajo la orientación de Fidel. Este fue el primer documento donde se plasmaron los objetivos antiimperialistas y revolucionarios del nuevo movimiento de liberación que encabezaba la Generación del Centenario.

Luego de su primera lectura no cesaron de ocurrir hechos emocionantes que mostraban el valor humano y la alta sensibilidad de aquellos jóvenes dignos. Bien vale recordar el último poema de Raúl Gómez García escuchado esa misma noche:

“Ya estamos en combate…¡Adelante!

De nuestra lucha heroica depende la Cuba verdadera

La furia loca de Gómez y Agramonte

La lucha pura de Mella y de Guiteras

Adelante cubanos… ¡Adelante!

Por nuestro honor de hombres ya estamos en combate”.

Este era el poeta de la Generación del Centenario. Así de sensibles eran estos casi adolescentes, llenos de sueños y convencidos de la necesidad de su sacrificio, con una fe inquebrantable en la victoria.

Inolvidables palabras las del líder rebelde que los dirigía:

“…Si vencen mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, y de ese propio pueblo saldrán otros jóvenes dispuestos a morir por Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol, como el 68 y el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de Libertad o Muerte!”

Sí, fueron momentos de mucha tensión, pero la emoción de ellos era superior. Su carga de sueños y sus ideales eran superiores.

Falló el factor sorpresa, pero el asalto trascendió,tal y como Fidel había preconizado, el pueblo incluso los protegió en sus hogares. El mundo supo que se luchaba por la libertad de Cuba.

Del heroísmo sin límites se emprendió una oleada sangrienta, quizás una de las más abominables de la historia patria. La bestial represión de la tiranía patentizó aún más el heroísmo de estos jóvenes cubanos.

Se declaró el estado de sitio en Santiago de Cuba y se ordenó el asesinato de 10 revolucionarios por cada soldado muerto en los combates. Reprimiendo y censurando a la prensa intentaron ocultar el baño de sangre.

En el histórico alegato La Historia me absolverá,  Fidel lo describía:

“..Aquí todas las formas de crueldad, ensañamiento y barbarie fueron sobrepasadas. No se mató durante un minuto, una hora, un día entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumentos de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen….”

Y hoy, a 57 años de la gesta heroica, siguen intentando enmudecer a los que nos rebelamos, siguen exportando guerras, financiando otras, protegiendo a terroristas, incluso a algunos de aquellos asesinos que en épocas de Batista nos arrebataron a nuestros hermanos dignos y a muchos inocentes.

Hablan de supuestas violaciones de los derechos humanos en Cuba, pero no hablan de esta oleada de crímenes que nunca olvidaremos los cubanos.

Por nuestros muertos, por nuestra Patria, hoy más que nunca estamos junto a Venezuela y hoy más que nunca, con el mismo Comandante verde olivo, con Raúl, Seguimos en combate.

¿Quién podría pensar en aquella época en una Revolución contra un ejército?

Nadie lo haría. Pero un puñado de hombres soñaba  con que era posible derrocara a la tiranía batistiana. No eran muchos para luchar contra todo un ejército, pero suficientes para desatar la inmensa energía del pueblo que sí era capaz de derrotar al régimen. Ellos arrebatarían las armas al enemigo para proveer a esos hombres y mujeres.

Para la mayoría era absurda la idea de hacer una Revolución en tan adversas circunstancias, sin un solo centavo para comprar armas. Únicamente hombres de pueblo, humildes, sentían aquella fe inquebrantable de que sí era posible llevar a cabo tal lucha sin dejar de creer en la victoria.

Lo que para muchos era un sueño irrealizable para estos jóvenes era una necesaria realidad para un futuro no muy lejano. Así fue como la Generación del Centenario asaltó el Cuartel Moncada aquel 26 de julio de 1953: con armas de ideas martianas y la convicción profunda de que era necesaria una sociedad “…de los humildes y para los humildes….con todos y para el bien de todos…”

Más de un siglo de explotación, saqueo e ignominias alimentaban las ansias de lucha y la rebeldía de aquella juventud indómita, a la que no le faltaban paradigmas a imitar. Vuelvo a recordar entonces aquella frase del indiscutible líder de la Revolución Cubana al afirmar que nuestro proceso revolucionario es único, continuo y ascendente, el mismo que inició Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868. Y es muy cierto, ellos hoy hubiesen sido como nosotros, nosotros, como ellos.

Eso fue y seguirá siendo aquella gesta heroica del Moncada, una muestra irrefutable de que la continuidad de nuestro patriotismo épico está garantizada, herencia de generaciones de cubanos dignos, vivos hoy en René, Ramón, Fernando, Gerardo y Antonio, paradigmas de lo más genuino de la juventud cubana actual.

¿Cuándo se quitó Fidel el uniforme verde olivo?

Fidel siempre estará de verde olivoVer a Fidel en el noticiero inspiró en mi el deseo irresistible de escribir estas líneas. Depositó flores ante los nichos, rindió homenaje a los mártires del 26 de julio en el Mausoleo  que los honra en el municipio de Artemisa. Con esa mirada profunda de quien repasa los hechos, evocó los recuerdos de la contribución enorme de estos jóvenes artemiseños.

Su interés por conocer acerca del traslado de los cinco combatientes que aún no descansan en el Mausoleo es otra muestra de su sensibilidad infinita, lealtad y compañerismo. Se veía emocionado junto a sus compañeros de tantas batallas.

Y en medio del recuento histórico, no pudo eludir a ese Fidel previsor que vive en él como una herencia martiana. Fue entonces que habló de la tragedia ambiental que vive la humanidad, de los peligros que se nos avecinan.

Un mensaje a los combatientes de Artemisa y de toda Cuba retuvo en silencio a quienes queríamos saber qué tenía que decirnos el líder de la Revolución. Y sí, sentía el privilegio de ser de los pocos que aún nos honran estando con nosotros. Sí, porque el privilegio es nuestro. Él volvería con gusto a asaltar otros Moncada si fuese necesario.

Algunos enemigos de la Patria dicen en las redes sociales  que Fidel volvió a enfundarse el uniforme verde olivo y yo me pregunto:

Alguna vez se lo quitó?

Nuestro pensamiento revolucionario no ha cesado de evolucionar y sigue siendo el mismo de Martí. Somos prueba de lo que puede lograr un pequeño país frente a un imperio poderoso cuando le asiste la razón.

Inevitable recordar a los CINCO, ellos están aquí. Ramón, Gerardo, René, Fernando y Antonio son símbolos de la continuidad del ideario martiano que inspiró la gesta heroica del Moncada. El ensañamiento del imperio engrandece su heroísmo.

Emocionado y conmovido, Fidel advirtió nadie puede privarnos del derecho de soñar por un futuro mejor, nadie puede arrebatarnos el derecho de celebrar con alegría este día de gloria.

Así lo hará mi Santiago

Fidel nunca se ha quitado el uniforme verde olivo. Fidel sigue y seguirá siendo el del Moncada y al recordar a nuestros CINCO hermanos reafirmó, una vez más, ser el compañero eterno que nunca desampara a sus compatriotas de lucha.

Fidel siempre será nuestra guía y ejemplo. Salud para ti mi eterno Comandante verde olivo. Feliz Día de la Rebeldía Nacional a todos los cubanos, que dentro y fuera de la isla honran a la Generación del Centenario. El futuro es nuestro.