El negocio de la fe, por Pedro González Munné.

Cedo espacio a un amigo de facebook que, ojalá, un día, pueda conocer, y que gracias a facebook he podido leer sus escritos. Este comentario de hoy él lo tituló “El negocio de la fe” y lo pongo a disposición de ustedes porque siento vale la pena. Un saludo para ti Pedro.
Luego de la visita del Santo Padre a Cuba y cuando se apagan los ecos de tanta palabrería e imagen desperdiciada en el éter, quiero dar mi humilde opinión sobre la lamentable muestra de rabia, odio y miedo permeando los medios en Miami. Las causas pueden ser muchas: el odio primario a la iglesia, la frustración por la demostración de una verdadera fiesta de fe en Cuba o sencillamente, la esperanza del miserable de complacer a quienes les pagan.
Es significativo en este circo de colores, papeles y alaridos, solamente dos casos de personas mostrando su desacuerdo con el Gobierno cubano surgieron en toda la parafernalia de los medios, montada para esperar una oleada masiva, estilo tsunami politico que arrasara con el cubano fiel y preparara el terreno para los marines, preludio de luego la arribada masiva de los Mesías de Miami, en sus pantuflas acolchadas, escoltados por sus perritos falderos.
No sucedió. Pero tampoco ninguna de las tantas y una organizaciones exiliadas, financiadas alegremente con el dinero de nosotros los contribuyentes por la Administracion Obama y el Departamento de Estado, encabezado por la Sra. Clinton, notoria por su desprecio a todo lo que huela a latino, ninguna, repito, pudo reclamar como suyo esos dos actos.
¿Por qué? Creo que es sencillo: ninguna de esas dos personas, en un país de 11 millones habitantes estaba en la nómina.
Pueden existir miles de excusas o razones, pero para mí, católico de toda la vida, nunca comunista, esto es representativo de que el cambio en Cuba viene desde adentro, y eso, estimados míos, va mas allá de la piel, del cerebro y el corazón, viene desde la fe y diria yo, a Dios gracias, pues va barriendo con el odio, los falsos ídolos y nos colma de compasión y amor a todos los cubanos buenos.
Me remito, con mi humilde pedantería de compañero, al panteón de mis heroes y sigo confiando en el mejoramiento humano, pero sobre todo, por encima de palabras, togas y lujos, sigo creyendo en una Nación con Todos y por el Bien de Todos.

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7 pensamientos en “El negocio de la fe, por Pedro González Munné.

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