Dónde está la verdadera disidencia: dentro o fuera de Cuba? Quiénes ganan?

Resulta bastante controversial enfrentarse al reto de encontrar la verdad en medio de tanta manipulación. Leo, averiguo, me entrevisto con algunas personas y no puedo menos que percatarme de que la primera víctima es justamente esa: la verdad.

 

En medio de un “combate” donde el dinero se erige como motor impulsor para hacer que cualquier escrúpulo o principio perezca en el intento de poseerlo a toda costa, hay quienes no se percatan de cómo se agreden verbal,  o ya hasta físicamente, vecinos de toda la vida, cubanos todos, sin importar la cerca desde donde se miren los toros.

 

Y para nada me creo dueña absoluta de la verdad, ni mucho menos, pero sí percibo que un tercero está sacando lascas de todo esto, siempre desde fuera, bajo el precepto: “divide y vencerás” diciendo, tal vez, que se maten entre ellos, sólo entraré a recoger el “picadillo”.

 

Sí, eso percibo, quizás porque sí creo en la libertad, en el derecho a que cada cuál decida dónde y cómo quiere vivir, pero reconozco que no puedo desprenderme de mi condición de cubana y santiaguera para hacerme de mi juicio, así pues consciente  de que soy objetiva, sin desprenderme de mis sentimientos,  continúo pensando de que sólo nosotros en la isla debemos decidir qué queremos y cómo, sobran los instigadores y las “buenas intenciones”.

 

Por lo menos eso concluí luego de conversar con Juan Carlos Rodríguez Elgiga, tío de un “supuesto disidente” de nombre Luis Marino Antomarchi Rivero, quien ha protagonizado algunas manifestaciones en el municipio santiaguero de Palma Soriano y luego de conversar con otro de los “opositores” que se encontraba en la casa de Antomarchi cuando se dio el último incidente y de quien no revelo el nombre a solicitud del propio entrevistado.

 

No hay sociedad perfecta como no lo son tampoco sus hombres y mujeres, pero los terceros sobran, adeptos y desafectos deben resolver sus problemas internos, quedarse o irse, pero sí veo claramente que no es la solución agredirnos entre nosotros, mucho menos en nombre de la paz, la libertad y la verdad.

Juan Carlos Rodríguez Elgiga, tío de un “supuesto disidente” de nombre Luis Marino Antomarchi Rivero

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