Otra vez Cuba exige poner fin al bloqueo genocida contra la isla

Por décimonovena ocasión consecutiva, Cuba reclama el cese de la política ilegal e inmoral que durante más de una decena de administraciones norteamericanas hemos sufrido quienes vivimos en esta isla.

 

La Resolución de reclamo para poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, órgano más representativo de la comunidad internacional ha venido convirtiéndose en una muestra irrefutable del respaldo casi unánime de las naciones del mundo que reclaman poner fin a este genocidio.

 

Durante casi cinco décadas, gobierno tras gobierno, ha ido profundizando y perfeccionando las herramientas que afianzan el boqueo contra cubanos y cubanas, al punto, que ya varias generaciones hemos nacido y crecido bajo el impacto del criminal mecanismo para intentar dominar a una nación, cuyo único pecado es haber construido su propia Revolución a unas millas de la mayor potencia del planeta.

 

Son incontables los obstáculos que impone esta política a las relaciones, el intercambio y desarrollo de la nación libre y sus innumerables daños al país.

 

La administración de Bush llegó al poder, entre otras prioridades, para adoptar nuevas medidas y regulaciones, que agudizaban aún más las sanciones y el carácter extraterritorial del Bloqueo Económico, Comercial y Financiero contra ciudadanos, instituciones y empresas de terceros países que establezcan o se propongan instaurar relaciones con Cuba, arrogándose el derecho de decidir sobre asuntos que son atributos de la soberanía de otros Estados.

El continuado proceso de micro y macro fusiones de empresas internacionales, así como las alianzas estratégicas mundiales en las que Estados Unidos tiene una alta participación, han continuado impactándonos negativamente y facilitando el recrudecimiento del negativo efecto extraterritorial del bloqueo, al reducir a la mínima expresión el espacio económico internacional en el que Cuba puede operar y complejizando la inserción del país en la economía mundial.

A ello se suma la prohibición de utilizar el dólar estadounidense en las transacciones comerciales y financieras, las presiones y amenazas que se ejercen por funcionarios de EE.UU. para obstaculizar o impedir que se realice cualquier operación comercial, financiera o de colaboración con entidades cubanas, provoca un significativo incremento de los gastos y costos de las operaciones que se realizan por Cuba para el funcionamiento de su economía y el aseguramiento de las condiciones materiales de vida para su población.

El Departamento del Tesoro norteamericano continúa su hostigamiento y persecución mundial de las instituciones financieras y bancarias, con el objetivo de interrumpir cualquier tipo de relación o transacción con Cuba, emprendiendo acciones para coartar el derecho de cualquier país a comerciar de manera libre y soberana con quien desee, amenazando burdamente a empresas en terceros países para que suspendan sus ventas y contratos con nuestra Isla.

Estados Unidos continúa arrogándose el derecho de legislar por y para otros Estados en sus relaciones con Cuba, llegando a atribuirse la capacidad de certificar la conducta y acciones de otros países. Se prohíbe que subsidiarias norteamericanas que se encuentran en terceros países mantengan cualquier tipo de transacción con empresas en Cuba.

Por tan sólo citar algunos ejemplos que grafican la magnitud y gravedad de los hechos, menciono que se prohíbe a empresas de terceros países exportar a EE.UU. productos de origen cubano o productos que en su elaboración contengan algún componente de ese origen o que empresas de terceros países vendan bienes o servicios a Cuba, cuya tecnología contenga más de un 10% de componentes estadounidenses, aunque sus propietarios sean nacionales de esos países.

A los empresarios de terceros países que realicen inversiones o negocios con Cuba, a quienes se les deniega el otorgamiento de visado para entrar en Estados Unidos, denegación extensible a sus familiares, e incluso, ser objeto de acciones legales ante tribunales norteamericanos en el caso de que las operaciones con Cuba se relacionen con propiedades vinculadas a reclamaciones de ciudadanos estadounidenses, o que habiendo nacido en Cuba adquirieron esa ciudadanía posteriormente.

Ninguna transportación marítima puede tocar puertos estadounidenses con productos desde o hacia Cuba, con independencia del país de matrícula. El gobierno norteamericano prohíbe que bancos de terceros países abran cuentas en dólares norteamericanos a personas jurídicas o naturales cubanas o lleven a cabo transacciones financieras en dicha moneda con entidades o personas de nuestro país.

Obama no ha hecho poco. De manera mas o menos solapada, ha reafirmado esta política, tratando de disfrazar las esencias con supuestas concesiones que, en su esencia, no hacen desaparecer, ni siquiera debilitan, las verdaderas raíces de este “fenómeno” que agranda el heroísmo de este pueblo que sobrepasa los cincuenta años, ha resistido el bloqueo más inhumano que se haya conocido, sin transigir en sus principios.

 

A pesar de que el bloqueo recibe cada año la condena enérgica de la comunidad internacional en la Asamblea General de las Naciones Unidas y de que constituye una flagrante violación de los principios y normas reconocidos por el Derecho Internacional, el bloqueo continúa, como una muestra más del irrespeto del imperio hacia  la opinión mundial y del doble rasero en su política  tan cacareada de respetar la libertad de expresión, de derechos y bla bla bla, obviando, como es usual, lo que pensamos quienes vivimos en su mismo planeta, pero que para ellos, sólo somos asimiladores pasivos de su voluntad..

 

No dejemos pues que se nos engañe, no hay embargo y SÍ BLOQUEO, que obstaculiza el desarrollo de una nación, que no representa peligro alguno para Estados Unidos, a no ser, el de contagiar con su amor, con su ejemplo y con su heroísmo a muchas naciones, a través de la solidaridad sin límites que nos inspira nuestra condición humana y el humanismo de una Revolución que es, en sí misma, la mayor expresión de derechos humanos conquistados por cubanos y cubanas.

 

 

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